El capítulo 1 de la obra se titula "Alcance y valor de la gestión de riesgos" y establece la filosofía fundamental del libro: la gestión de riesgos no es un mero mecanismo de control para evitar sorpresas desagradables, sino una parte esencial de la estrategia y del proceso de toma de decisiones para crear valor para el accionista y la sociedad.
El capítulo desarrolla este enfoque a través de varios puntos clave:
1. ¿En qué consiste y qué es el riesgo? La gestión de riesgos abarca desde fijar los criterios de aceptación y analizar la posición actual, hasta tomar decisiones sobre nuevas transacciones y evaluar los resultados obtenidos. El autor advierte sobre tres errores comunes: limitar la gestión solo a una labor de control o auditoría, carecer de claridad organizativa (lo que genera duplicidad de funciones), y aplicar los principios de manera desigual, negando la existencia de riesgo en ciertas áreas del negocio.
En cuanto al concepto de riesgo, el texto aclara que este debe medirse sobre el valor actual de los negocios o carteras y se refiere estrictamente a las pérdidas inesperadas, no a los costos esperados (como la tasa de morosidad habitual, que debe cobrarse en el precio del producto). Los riesgos se clasifican por su naturaleza en: de mercado, de crédito, de liquidez, de negocio, operativo y legal.
2. Medidas Clave: Capital en Riesgo y RORAC Frente a los métodos antiguos basados en el análisis subjetivo de escenarios, el capítulo aboga por metodologías probabilísticas. Introduce dos conceptos fundamentales que serán el eje de todo el manual:
- Capital en riesgo (CER): Es el nivel de pérdida que solo se vería superado en un porcentaje mínimo de casos (ej. 1%) en un plazo determinado. Actúa como un "colchón" que indica cuánto capital propio debe mantener la empresa para soportar la máxima pérdida inesperada sin quebrar, de acuerdo con la calificación crediticia (rating) que desee tener.
- RORAC (Rentabilidad sobre el capital ajustado al riesgo): Es la métrica que relaciona los beneficios después de impuestos con el Capital en Riesgo (CER) exigido. Sirve tanto para tomar decisiones previas (RORAC esperado) como para evaluar objetivamente el desempeño de los gestores a posteriori (RORAC histórico).
3. Alcance de la gestión de riesgos El capítulo delimita el alcance de esta función mediante 17 cuestiones clave que toda entidad debe plantearse. Estas preguntas exigen definir explícitamente qué riesgos asumir, qué rentabilidad exigir, cómo medir la posición actual, cuáles son las expectativas de mercado y qué esfuerzo de comunicación interna (para crear cultura corporativa) y externa (a inversores y agencias calificadoras) debe realizarse.
4. El valor de la gestión de riesgos El texto defiende que, si bien cualquier empresa bien dirigida gestiona sus riesgos, este nuevo enfoque aporta sistematización, objetividad y homogeneidad a toda la compañía. Además, argumenta que la gestión financiera activa por parte de la entidad crea valor directo para los accionistas al reducir cuatro grandes costos:
- Costos de quiebra: Mejora la solvencia frente a los acreedores.
- Costos de endeudamiento: Permite conseguir financiación más barata.
- Costos fiscales: Estabiliza los beneficios frente a tasas impositivas progresivas.
- Costos de iliquidez e infrautilización de capital: Evita frenar proyectos rentables por falta de fondos o tener capital ocioso sin asumir el riesgo adecuado.
5. El contexto latinoamericano Finalmente, el capítulo señala las particularidades de América Latina que exigen adaptar las metodologías tradicionales desarrolladas en EE. UU. o Europa. Destaca la falta de liquidez y referencias a largo plazo (como bonos del Estado), el alto nivel de intervención gubernamental (como los regímenes cambiarios intervenidos que ocultan el verdadero riesgo de una devaluación brusca) y la existencia de productos específicos y complejos nacidos de la crisis de la deuda, como los bonos Brady. En estos mercados volátiles e ilíquidos, la reducción de costos de quiebra y financiamiento a través de una gestión de riesgos rigurosa es aún más vital.
El capítulo 2 de la obra se titula "La gestión de riesgos: estructura organizativa y funciones". Su premisa principal es que la gestión de riesgos debe ser la función central de cualquier entidad cuyo objetivo sea crear valor para sus accionistas y la sociedad, y por lo tanto, todas las áreas de la compañía deben estructurarse e involucrarse en torno a esta filosofía.
Para lograr una gestión eficiente, el capítulo propone dividir el esquema organizativo en dos grandes bloques con flujos de comunicación bidireccionales:
1. Estructura Estratégica Tiene como función genérica definir, aprobar la estrategia y las políticas de gestión de riesgos, además de asegurar los recursos necesarios para implantarlas. Está compuesta por el consejo y los comités de dirección:
- El Consejo: Es el máximo responsable de sancionar la estrategia general, garantizar la existencia del capital necesario para soportar el riesgo global y salvaguardar el valor de la entidad frente a pérdidas potenciales.
- El Comité Ejecutivo: Es el máximo órgano directivo que lidera y aprueba la estrategia, analiza los resultados de las unidades de negocio teniendo en cuenta el riesgo asumido y fomenta una cultura de control en la entidad.
- El Comité de Activos y Pasivos (CAP / ALCO): Es el responsable de gestionar el riesgo global de mercado y de liquidez derivado del balance de la entidad (riesgo estructural).
- El Comité de Riesgos: Es el encargado de proponer los límites de riesgo al comité ejecutivo, así como de definir y asegurar que se cumplan las políticas, metodologías y procedimientos para controlar los riesgos cuantificables (mercado y crédito) y no cuantificables (operativo y legal).
- Comités de Negocio: Garantizan que en sus respectivos ámbitos (banca comercial, tesorería, etc.) se sigan las directrices estratégicas de gestión de riesgos.
2. Estructura Operativa Está compuesta por el resto de los estamentos de la entidad y su función es ejecutar la estrategia e implantar las políticas en sus actividades diarias. Requiere de una clara segregación de funciones entre las siguientes áreas:
- Área de análisis y control de riesgos: En esta área se delega la actividad diaria de análisis y control. Entre sus tareas destacan la medición de riesgos, la validación de metodologías, la asignación de calificaciones crediticias a contrapartidas y la vigilancia de que no se superen los límites establecidos.
- Área de gestión de activos y pasivos (área GAP): Actúa como la verdadera tesorería de la entidad ejecutando, bajo directrices del CAP, la gestión diaria del riesgo estructural operando con instrumentos en los mercados financieros.
- Áreas de negocio: Tienen el objetivo de materializar la estrategia tomando posiciones reales en los mercados para maximizar la rentabilidad dentro de los límites autorizados.
- Áreas de soporte: Desempeñan funciones estructurales indispensables para el negocio. Incluyen las áreas de administración y operaciones (back office), tecnología y sistemas, asesoramiento jurídico-legal y fiscal, recursos humanos, y el área de auditoría interna (la cual debe ser completamente independiente de las demás para poder evaluar efectivamente la estructura de control).
Además, el capítulo plantea un modelo de estructura organizativa integral adaptable a grupos financieros con un alto nivel de complejidad (como aquellos con una matriz y múltiples filiales internacionales) que requiere instaurar líneas dobles de dependencia jerárquica para asegurar una coordinación y homologación global de los riesgos.
Por último, el capítulo revisa las recomendaciones de los estándares internacionales, tales como las del Grupo de los Treinta, el Grupo sobre Políticas para Instrumentos Financieros Derivados y el Banco de Pagos Internacionales (Comité de Basilea). Estas instituciones enfatizan fuertemente que las entidades deben tener explícitamente definidos sus límites de riesgos, probar sus modelos a través de simulaciones extremas (stress testing) e instituir una función de control del riesgo que sea totalmente independiente de las áreas operativas de contratación.
El capítulo 3 se titula "Gestión y control del riesgo de mercado". Su premisa central es que la gestión de riesgos de la compañía es el vehículo estratégico para la creación de valor para los accionistas y la sociedad. Para lograrlo de manera eficiente, el capítulo desarrolla un esquema metodológico estructurado en tres grandes fases: la identificación, el control y la gestión del riesgo.
1. Identificación de los Riesgos de Mercado Antes de definir cualquier estrategia, la entidad debe comprender y cuantificar los factores de mercado a los que está expuesta: tipos de interés, tipos de cambio, cotizaciones de acciones y precios de mercancías,. El autor hace una distinción muy importante: el riesgo de mercado no solo afecta el valor de liquidación de la cartera actual, sino también el valor futuro del negocio en funcionamiento (es decir, la cuenta de resultados y los márgenes futuros),,.
Para cuantificar estos riesgos, se propone la construcción de un mapa de riesgo global, compuesto por dos herramientas:
- Mapa de posiciones: Mide la sensibilidad del valor del negocio ante variaciones en los factores de riesgo y agrupa la exposición mediante "carteras equivalentes" (instrumentos de referencia líquidos),,.
- Mapa de pérdidas y ganancias: Incorpora la probabilidad de que ocurran los distintos escenarios de mercado, mostrando el riesgo real de pérdidas,.
A partir de este mapa, se definen tres medidas clave de rentabilidad-riesgo:
- Valor en riesgo (VER): La máxima pérdida estimada en el valor de la cartera durante un periodo de tiempo y con un nivel de confianza determinado.
- Capital en riesgo (CER): El capital mínimo que debe asignarse a una posición para evitar la quiebra en caso de sufrir la pérdida máxima estimada, considerando además los costos de financiación,.
- RORAC (Rentabilidad sobre el capital ajustado al riesgo): Relaciona los beneficios esperados con el Capital en Riesgo (CER). Sirve para exigir mayor rentabilidad a aquellas operaciones que asumen mayor riesgo.
2. Control del Riesgo de Mercado Esta fase consiste en definir un marco de actuación para que las unidades de negocio no asuman más riesgos de los aprobados estratégicamente,. Para ello, se debe diseñar una estructura de límites, la cual puede basarse en la posición nominal, en posiciones equivalentes o en límites de capital en riesgo (CER).
El capítulo destaca que el control de estos límites debe ser ejecutado por un área de análisis y control de riesgos de manera totalmente independiente a las unidades de negocio que toman las decisiones de inversión,.
3. Gestión del Riesgo de Mercado Dentro de los límites establecidos, los operadores (gestores) tienen libertad de acción para maximizar la rentabilidad de la entidad basándose en sus expectativas del mercado,. Las dos estrategias básicas son:
- Mantener posiciones abiertas: Si las expectativas indican que el mercado se moverá a favor de la entidad, asumiendo una mayor exposición al riesgo para generar beneficios,.
- Realizar coberturas (hedging): Consiste en contratar operaciones que varíen de valor en la misma cantidad, pero en sentido contrario a la cartera inicial, eliminando así el riesgo frente a determinados factores,.
En la gestión de estas carteras, el capítulo advierte sobre factores complejos, como el riesgo de base (cuando el instrumento de cobertura y la posición real tienen comportamientos específicos distintos),, y los efectos de segundo orden o riesgos de orden superior (como el efecto gamma en carteras que contienen opciones, cuyo comportamiento no es lineal),,.
Finalmente, el capítulo concluye repasando las recomendaciones de los estándares internacionales (Grupo de los Treinta, Grupo sobre Políticas para Instrumentos Financieros Derivados y el Banco de Pagos Internacionales) sobre la medición diaria del riesgo, la valoración a precios de mercado y la realización de pruebas de estrés (stress testing),,.
El capítulo 4 de las fuentes se titula "Un enfoque para banca comercial" y se centra en la cuantificación y gestión del riesgo de mercado específicamente en el negocio de la banca comercial (corporativa, de empresas, de personas, etc.).
La premisa fundamental de este capítulo es que la banca comercial no debe gestionar el riesgo de mercado (el derivado de los desfases entre los plazos y tipos a los que se capta y se coloca el dinero). Su función no es especular con los tipos de interés, sino generar márgenes asumiendo y gestionando los riesgos de crédito, operativos y de negocio, ya que además tiene poco margen de maniobra frente a las exigencias de plazos de los clientes. La gestión del riesgo de mercado del balance comercial debe delegarse al Comité de Activos y Pasivos (CAP) a través del área de gestión de activos y pasivos (área GAP o verdadera tesorería de la entidad).
Para estructurar eficientemente esta separación, el capítulo desarrolla los siguientes ejes principales:
1. El Riesgo de Cartera y la Curva de Tipos de Transferencia Para eliminar el riesgo de mercado de las operaciones vivas del área comercial (riesgo de cartera), se debe implantar un sistema de tipos de transferencia. Funciona de la siguiente forma: por cada préstamo concedido o depósito captado, el área GAP realiza con la banca comercial una operación interna "espejo" con las mismas características, absorbiendo así el riesgo de los tipos de interés. De este modo, el margen total se divide objetivamente: el gestor comercial recibe su parte por el riesgo de crédito asumido y el área GAP por la gestión del riesgo de mercado.
El texto advierte enfáticamente sobre el peligro de utilizar un tipo de transferencia único para todas las operaciones, indicando que es obligatorio usar una curva de tipos estructurada por plazos. Usar un solo tipo imposibilita aislar el riesgo, causa distorsiones graves en la fijación de precios frente a los clientes (rechazando operaciones rentables o aceptando créditos con pérdidas) y empuja al área comercial a especular ocultamente con las fluctuaciones futuras del mercado.
2. El Riesgo Estructural El área GAP no solo debe gestionar la volatilidad de los contratos vigentes (valor liquidativo), sino también el riesgo estructural, que corresponde al valor del negocio en funcionamiento a futuro. Proyectar este valor exige estimar la sensibilidad de los flujos de beneficios, los márgenes futuros, comisiones y costos ante los cambios en los tipos de interés. A partir de estas proyecciones, la entidad puede fijar una posición neutral de referencia (benchmark) y tomar decisiones de cobertura utilizando instrumentos financieros (bonos, derivados, swaps) para estabilizar su valor y optimizar costos.
3. Valoración de Operaciones de Banca Comercial Para que la tesorería (GAP) pueda absorber los riesgos comerciales de manera precisa, es imperativo valorar los contratos tomando en cuenta sus particularidades:
- Préstamos sin opciones: Se valoran descontando sus flujos de caja seguros con una curva de tipos de mercado ajustada sumándole la prima o spread por riesgo de crédito asociado a la solvencia del deudor.
- Préstamos con opciones (prepagos): Como es el caso de muchos créditos hipotecarios donde el cliente puede liquidar la deuda anticipadamente. Al originar estos créditos, el banco le está vendiendo una "opción" al usuario. Valorarlo exige modelos estadísticos que incorporen las motivaciones de los clientes (diferencial frente a tasas actuales, "efecto burnout", etc.) para estimar las probabilidades de prepago y cargar su costo financiero vía transferencia.
- Cuentas corrientes: Representan las obligaciones más complejas porque no tienen plazo de vencimiento ni tasas de interés predefinidas. Requieren modelos econométricos para estimar cómo variará el volumen de saldo y la tasa que exigirán los depositantes ante fluctuaciones del mercado central.
4. Crítica a las Metodologías Tradicionales El capítulo concluye comparando el método propuesto con metodologías convencionalmente usadas por las entidades bancarias:
- Método de gap o brecha: Muy criticado por ser una simple resta estática entre activos y pasivos próximos a vencer. Ignora el cambio en el valor actual de los activos y subestima peligrosamente el riesgo de impago y las opciones implícitas de los clientes.
- Simulación de márgenes: Deficiente por intentar adivinar exactamente cómo estará constituido el balance bancario varios años hacia el futuro. Su confiabilidad cae drásticamente y omite proteger el valor a largo plazo de la compañía.
En conclusión, el texto recomienda especialmente a las instituciones de mercados volátiles migrar hacia metodologías integradas de gestión de valor actual, delegando la contención y mitigación de la volatilidad a un área centralizada y protegiendo el margen crediticio de la sucursal.
El capítulo 8 de la obra se titula "Sistema de información de gestión de riesgos". Su objetivo principal es describir cómo debe generarse y circular la información dentro de la estructura organizativa de una entidad para poder gestionar y controlar adecuadamente sus riesgos.
El texto establece como principio fundamental que deben existir procesos perfectamente definidos para la elaboración de los informes. Esto significa que se debe especificar explícitamente la periodicidad, los responsables, los destinatarios y el contenido de cada reporte, evitando así depender de informes improvisados (ad hoc) que puedan generar confusión dentro y fuera de la entidad.
Para cumplir con esto, el capítulo clasifica los informes en tres tipos básicos,:
- De evaluación: Muestran las pérdidas, ganancias, riesgos y la rentabilidad ajustada al riesgo (RORAC).
- De control: Verifican si se están cumpliendo los límites de capital en riesgo (CER) y otras métricas.
- De soporte a la toma de decisiones: Presentan los resultados que se esperan obtener combinando las expectativas del mercado con la posición actual.
Para estructurar la información interna, el capítulo detalla qué tipo de reportes necesita cada estamento jerárquico de la organización:
- El Consejo: Requiere informes resumidos que le permitan evaluar la ejecución de la estrategia global. Estos incluyen la rentabilidad de cada negocio (RORAC), la evaluación del riesgo de tipo de cambio en inversiones estructurales (filiales en el extranjero) y el estado general de la gestión de activos y pasivos,,,.
- El Comité Ejecutivo: Utiliza información básicamente igual a la del Consejo, pero de forma más exhaustiva y con mayor frecuencia (por ejemplo, semanal). Sus informes comparan directamente el capital en riesgo (CER) de cada negocio con los límites impuestos para un control estricto,,.
- El Comité de Activos y Pasivos (CAP): Emplea reportes muy detallados para gestionar el riesgo estructural y de liquidez. Se presentan descripciones de la posición (como posiciones equivalentes en swaps a la par), evaluaciones de los márgenes financieros y simulaciones de cómo reaccionaría la cartera ante desplazamientos en la curva de tipos de interés,,,.
- El Comité de Riesgos: Utiliza la información en su máximo nivel de detalle para vigilar los límites. Recibe informes que desglosan los riesgos de mercado (delta, gamma, vega), pruebas de escenarios extremos (stress testing) y pruebas retrospectivas de los modelos (back testing), además de reportes detallados del riesgo de crédito segmentados por producto, país o calificación crediticia (rating),,,.
- Comités de Negocio: Necesitan información ágil que les sirva de base para gestionar el día a día. Sus informes resumen posiciones nominales, capitales en riesgo diarios desglosados por divisas y posiciones crediticias concentradas por plazos o países,,.
El capítulo también dedica un apartado a la Información para los agentes externos (inversores, analistas, agencias de rating y reguladores). El autor enfatiza que publicar información sobre cómo se gestionan los riesgos aporta un gran valor a la entidad: puede aumentar el valor de la acción, mejorar la percepción de su calidad crediticia y ayudar a los reguladores a crear marcos legales más eficientes,.
Aunque muchas entidades tienen recelo de compartir esta información por temor a revelar estrategias competitivas o por falta de estándares,, el texto recomienda que se publique un resumen claro (cuantitativo y cualitativo) que sea verdaderamente coherente con la complejidad de los riesgos que asume la empresa y los sistemas que utiliza para medirlos,.
Finalmente, el capítulo concluye repasando las recomendaciones de los estándares internacionales (Grupo de los Treinta, DPG y Comité de Basilea). Estas instituciones exigen que la dirección reciba informes periódicos sobre la exposición al riesgo y que los estados financieros públicos proporcionen información suficiente sobre los objetivos, volúmenes de transacciones y niveles de riesgo de las operaciones con instrumentos financieros,,.
El capítulo 9 se titula "Metodologías de medición del riesgo de mercado" y tiene como objetivo principal desarrollar los procedimientos matemáticos y estadísticos para calcular las medidas de rentabilidad y riesgo que se introdujeron conceptualmente en el capítulo 3 (Valor en Riesgo, Capital en Riesgo y RORAC),.
Para obtener el "mapa de riesgo" de una posición (es decir, asignar una probabilidad a cada posible pérdida o ganancia), el capítulo plantea que se pueden seguir dos grandes enfoques:
- Enfoque analítico: Utiliza expresiones matemáticas y fórmulas cerradas (como matrices de covarianzas) basándose en ciertas hipótesis de comportamiento de los mercados. Es más rápido de calcular pero requiere simplificaciones,.
- Enfoque numérico: Se basa en técnicas de simulación de escenarios (generación de miles de posibles caminos futuros). Es ideal para carteras complejas o con opciones, aunque requiere mayor potencia informática.
A lo largo del capítulo, se desglosan los siguientes temas fundamentales:
1. Estimación de la Volatilidad Para aplicar cualquier modelo, primero es necesario modelizar el comportamiento de los precios (que generalmente asumen una distribución lognormal) y estimar su volatilidad o desviación típica,. El texto explica dos familias de métodos para predecir la volatilidad futura:
- Basados en series históricas: Estiman la volatilidad analizando las oscilaciones pasadas (usando medias móviles, modelos de regresión, o modelos ARCH/GARCH),,.
- Basados en expectativas: Utilizan información prospectiva del mercado, como las volatilidades "implícitas" que se cotizan en los precios de las opciones, encuestas a participantes del mercado, o variables macroeconómicas que puedan anticipar una crisis,,,.
2. Cálculo de VER, CER y RORAC Aplicando la volatilidad estimada, el capítulo detalla las fórmulas para calcular diariamente y de forma anualizada,:
- Valor en Riesgo (VER): La pérdida máxima inesperada calculada mediante el número de desviaciones típicas asociadas al nivel de confianza elegido (por ejemplo, 99.87%).
- Capital en Riesgo (CER): Incluye el VER más los costos de financiación de la posición.
- RORAC esperado: Vincula los beneficios esperados con el Capital en Riesgo que la entidad debe inmovilizar.
3. Análisis de Carteras y el Efecto Diversificación El capítulo explica cómo agregar los riesgos cuando se tiene una cartera con múltiples instrumentos y divisas,. Aquí se introduce el crucial efecto de la diversificación: debido a que los activos no se mueven de manera idéntica (su coeficiente de correlación suele ser menor a 1), el riesgo global de la cartera es inferior a la suma de los riesgos individuales de cada activo,.
4. Técnicas de Simulación (Enfoque Numérico) Para carteras donde las fórmulas analíticas se quedan cortas (por ejemplo, al incluir instrumentos derivados no lineales como opciones), el capítulo detalla dos técnicas,:
- Simulaciones de Monte Carlo: Se genera una gran cantidad de escenarios aleatorios (usando números pseudoaleatorios y matrices de correlación) para simular los posibles caminos de los factores de riesgo y construir una distribución de probabilidades de las pérdidas y ganancias,.
- Simulación Histórica: En lugar de inventar escenarios aleatorios o asumir distribuciones teóricas, aplica literalmente las variaciones históricas reales del mercado a la cartera actual para ver qué hubiera pasado, lo que ayuda a capturar eventos extremos que los modelos matemáticos a veces ignoran,.
5. Stress Testing y Back Testing Finalmente, el capítulo aborda cómo poner a prueba los modelos para asegurar su robustez:
- Simulación de situaciones extremas (Stress testing): Consiste en forzar el modelo ante escenarios desastrosos, como suponer que todos los mercados caen al mismo tiempo (correlación unitaria) o simular una crisis devaluatoria brusca,.
- Comprobación retrospectiva (Back testing): Es la prueba de fuego del modelo. Consiste en comparar diariamente las pérdidas y ganancias reales obtenidas por la mesa de operaciones contra el Capital en Riesgo (CER) que el modelo había estimado el día anterior, verificando si las pérdidas exceden los límites sólo en el porcentaje de veces esperado (por ejemplo, 1 vez cada 1000 días),,.
El capítulo 10 de la obra se titula "Un enfoque para mercados latinoamericanos". Su premisa central es que las metodologías tradicionales de medición de riesgos, al haber sido desarrolladas para mercados financieros estables y profundos, no pueden aplicarse directamente al entorno latinoamericano sin sufrir adaptaciones significativas. La falta de liquidez, la existencia de productos con estructuras específicas y el alto nivel de intervención gubernamental exigen un tratamiento particular.
Para abordar esta problemática, el capítulo estructura su enfoque en tres grandes bloques:
1. Riesgo cambiario y mercados intervenidos En muchas economías emergentes, el tipo de cambio no fluctúa libremente, sino que está intervenido por las autoridades locales (mediante tipos fijos o bandas de fluctuación sucia). Esto provoca que la volatilidad histórica de la divisa parezca artificialmente baja o nula, ocultando el verdadero peligro al que se expone la entidad: el riesgo de una crisis o devaluación brusca.
Para medir el riesgo adecuadamente y no infrautilizar el cálculo de capital, el capítulo propone generalizar el modelo de Capital en Riesgo (CER) incorporando la probabilidad de que ocurra un escenario de crisis. Esta metodología asigna una volatilidad ajustada que penaliza principalmente las posiciones compradas (largas) en la divisa intervenida, reflejando el riesgo asimétrico de una posible devaluación. Además, para estimar empíricamente la probabilidad de que ocurra la devaluación, se sugiere utilizar modelos econométricos (como el modelo probit) que se alimentan de variables macroeconómicas (reservas, tipo de cambio real) y de indicadores de contagio financiero.
2. Productos específicos El entorno económico de la región (tasas de inflación altas, crisis de deuda) ha propiciado la creación de instrumentos financieros con características únicas para atraer y asegurar los flujos de capitales de los inversores. El capítulo analiza cómo medir el riesgo de tres de ellos:
- Bonos Brady: Creados para reestructurar la deuda externa en los años 80, presentan un perfil de riesgo mixto porque el pago del principal y, en algunos casos, de los intereses, está garantizado por bonos del Tesoro de Estados Unidos. Para valorarlos correctamente, la metodología los divide matemáticamente para aislar la parte libre de riesgo de la parte con riesgo soberano, calculando métricas precisas como el stripped yield (tasa de rentabilidad con puro riesgo emisor) y el stripped spread (diferencial de riesgo país).
- Bonos de cupón flotante con alto diferencial: Debido a la baja calidad crediticia de algunos emisores locales, el mercado les exige un alto diferencial (prima de riesgo) sobre la curva libre de riesgo. Matemáticamente, esto provoca que estos instrumentos presenten un comportamiento inusual y puedan tener duración negativa, es decir, paradójicamente su precio aumenta cuando suben los tipos de interés de referencia.
- Activos vinculados a la inflación: Son instrumentos indexados a la inflación (ya sea explícitamente o mediante una divisa local ficticia) para garantizar el poder adquisitivo. Se valoran utilizando curvas de tipos de interés reales, y el efecto de la inflación se aísla y modeliza como si fuera un riesgo cambiario adicional.
3. Mercados poco líquidos En los mercados latinoamericanos es común encontrar activos (tanto de renta fija como acciones) que se negocian con poca frecuencia o en volúmenes muy bajos, por lo que sus series históricas de precios no son representativas ni fiables para calcular volatilidades y matrices de correlación.
Para solucionar esta falta de información, el capítulo propone una metodología basada en la segmentación en categorías (por ejemplo, por país, sector económico, o calidad crediticia). Para cada categoría se seleccionan activos líquidos que sirvan como representantes para calcular los parámetros de riesgo sistemático del grupo. De este modo, a los activos ilíquidos se les asignan los parámetros de riesgo (volatilidad y correlación) de su categoría correspondiente —ajustándolos según su estructura de capital para el caso de acciones—, lo que permite estimar su riesgo e integrarlos en el mapa global de la entidad sin distorsionar los cálculos.
El capítulo 12 se titula "Implantación de sistemas informáticos de gestión de riesgos" y detalla los elementos, fases y decisiones clave para definir y poner en marcha la estructura de sistemas que dará soporte al control y gestión de riesgos en una entidad.
El autor advierte de inicio que, ante un proyecto de esta magnitud, existen intereses contrapuestos que deben conciliarse: la alta dirección busca resultados rápidos, los usuarios quieren un sistema que funcione y aporte soluciones, y el área de tecnología prioriza la calidad técnica y el cumplimiento de estándares.
Para abordar la implantación con éxito, el capítulo desarrolla tres grandes bloques:
1. Elementos básicos del sistema de gestión de riesgos Aunque se concibe como un todo, el sistema es un conjunto de subsistemas:
- Bases de datos: Se dividen en estáticas (información que cambia poco, como contrapartidas, límites, catálogo de valores negociables y estructura de unidades de negocio) y dinámicas (información de actualización constante, como las variables del mercado y las posiciones u operaciones vivas de la entidad).
- Sistemas de cálculo: Son los motores del sistema y se encargan de calcular la posición (valorando cada operación para obtener el mapa global), calcular los resultados de gestión (P&G diarias) y calcular las medidas de riesgo que hemos visto en capítulos anteriores (VER, CER, RORAC) para compararlas con los límites establecidos. También incluyen simuladores que permiten estimar cómo variaría el riesgo si se introducen nuevas operaciones.
- Generadores de informes: Permiten extraer informes automáticos predefinidos al final del día y crear reportes a medida para los distintos estamentos de la entidad.
- Interfaces: Son cruciales para conectar el sistema de gestión de riesgos con los sistemas de información de mercado externos (como Reuters o Bloomberg) y con los sistemas internos donde se almacenan las operaciones.
2. Fases del proyecto de implantación El proceso de construcción o adopción del sistema requiere de una planificación estructurada en tres etapas principales:
- Diseño conceptual: Aquí se definen los objetivos fundamentales, se analiza la situación tecnológica y funcional actual de la entidad, se hace un análisis técnico preliminar y se redacta una propuesta para la aprobación del comité de riesgos.
- Análisis y diseño: Consiste en detallar las especificaciones a través de la creación de prototipos (para mostrar la estructura final y los flujos de información), evaluar el hardware/software necesario y realizar el diseño técnico de bases de datos y módulos.
- Desarrollo e implantación: Abarca desde la programación detallada (o parametrización si se adquirió software externo) hasta la instalación de los equipos, la conversión y carga de los datos reales, la capacitación de los usuarios y la puesta en explotación definitiva.
3. Puntos críticos a considerar El capítulo enfatiza que durante el proyecto surgirán decisiones estratégicas ("puntos críticos") que condicionarán el éxito:
- ¿Desarrollo interno o compra de un sistema comercial?: El desarrollo interno permite una adaptación perfecta a la entidad y no genera dependencias externas, pero es muy arriesgado, costoso y requiere personal altamente cualificado en metodologías matemáticas. Comprar un sistema ahorra tiempo, pero debe evaluarse exhaustivamente su funcionalidad, cómo maneja los modelos de cálculo y la solidez técnica del proveedor.
- Selección de la plataforma y la arquitectura técnica: Se debe debatir si conviene cambiar de plataforma (sopesando ventajas de modernización contra los riesgos de inestabilidad). Asimismo, se debe decidir entre una arquitectura centralizada (más fácil de mantener y sincronizar) o una arquitectura distribuida (que ofrece mayor autonomía local a las sucursales y resistencia a caídas totales, aunque encarece y complica las comunicaciones y la seguridad).
- Controles operativos y de seguridad: Dada la importancia estratégica de la información de riesgos, el sistema debe blindarse contra accesos no autorizados y pérdidas de datos. Esto exige aprovechar las funciones de seguridad de los sistemas operativos, instalar firewalls y algoritmos de encriptación en las comunicaciones, así como utilizar gestores de bases de datos (SGBD) que permitan control de acceso, integridad, sistemas transaccionales y herramientas fiables para generar copias de respaldo (back-ups).
- Planes de contingencia: Finalmente, es vital definir un plan de crisis para garantizar que la tesorería y el análisis de riesgos puedan seguir operando en una ubicación alternativa si ocurre un siniestro grave.
El capítulo 13 se titula "Plan de formación en gestión de riesgos" y parte de la premisa de que, para que la gestión de riesgos sea verdaderamente el eje estratégico de una entidad, todos sus estamentos deben comprender y compartir esta filosofía, integrándola en su cultura organizativa,. Para lograrlo, es fundamental que el área de recursos humanos y formación diseñe un plan integral de capacitación.
A continuación, te detallo los ejes principales que aborda el capítulo:
1. Objetivos y Factores de Éxito El plan busca desarrollar a los empleados, divulgar la estrategia corporativa e instruir a todos los involucrados sobre los productos, instrumentos y sus riesgos inherentes,,. Para que el plan sea exitoso, debe cumplir con ciertas características fundamentales:
- Universal e integral: Debe alcanzar a todos los miembros de la entidad y abarcar la problemática de todos los riesgos posibles,.
- Homogéneo: Se deben crear "grupos formativos" con personas que tengan funciones y niveles de conocimiento similares.
- Gradual y continuo: Los conceptos deben asimilarse paso a paso, asegurando bases firmes antes de avanzar a temas complejos, y manteniendo una actualización permanente de los contenidos,,,.
- Flexible, consensuado y evaluador: Debe diseñarse con la participación de todas las áreas, adaptarse a la realidad cambiante del mercado y contar con un seguimiento continuo para evaluar si el plan (no el alumno) está cumpliendo sus objetivos,,.
2. Grupos Formativos y Contenidos El capítulo propone dividir la organización en tres grandes grupos, cada uno con enfoques formativos distintos,,:
- Alta dirección (Consejo y Comité Ejecutivo): Su enfoque debe tener una visión global y estratégica. El objetivo es que comprendan los riesgos de forma integrada, interpreten las medidas clave (VER, CER, RORAC) para poder realizar una asignación eficiente del capital y entiendan el impacto de las políticas que van a aprobar,,.
- Dirección técnica (Comités de activos y pasivos, de riesgos y de negocio): Su enfoque requiere una visión estratégica y técnica básica. Deben conocer las características de los productos, los procedimientos básicos de cálculo de los riesgos, técnicas de stress testing, y aprender a traducir la estrategia en una estructura de límites,,.
- Estructura operativa (Áreas de análisis, tesorería, operaciones y soporte): Requieren una visión técnica avanzada. Deben dominar métodos de valoración de productos, cálculo de estimadores en mercados emergentes, técnicas de simulación (como Monte Carlo), estrategias de cobertura e incluso problemáticas específicas como el manejo de tipos de cambio intervenidos o bonos Brady,,,.
3. Desarrollo del Plan y Tipos de Acciones Formativas Para llevar a cabo la capacitación, se pueden utilizar diferentes metodologías según la profundidad requerida,:
- Cursos: Son ideales para que los participantes asimilen conceptos de forma gradual y estructurada. Se recomiendan para temas técnicos y prácticos.
- Seminarios y Conferencias: Útiles para obtener visiones generales o debatir temas de actualidad con múltiples expertos. Se recomiendan para personas que ya tienen experiencia previa en el tema,.
- Para la alta dirección, se sugiere una formación a medida, designando a un grupo reducido de profesionales internos con capacidad docente a los que los directivos puedan recurrir de forma flexible.
El texto recomienda que para grupos grandes (niveles básicos o intermedios) se diseñen cursos internos a medida, mientras que para temas muy específicos de grupos reducidos es mejor acudir a cursos externos,. La combinación docente ideal para los cursos internos es utilizar formadores externos para explicar la teoría y profesionales de la propia entidad para enseñar su aplicación a la realidad de la empresa, asegurando siempre que el material tenga un enfoque eminentemente práctico con ejemplos y ejercicios reales,,,.
4. Recomendaciones Internacionales El capítulo cierra recordando que los estándares internacionales avalan plenamente la necesidad de este capítulo. Tanto el Grupo de los Treinta (G30) como el Banco de Pagos Internacionales (BPI) exigen explícitamente que las operaciones financieras sean gestionadas, controladas y auditadas por personal que sea completamente competente, adecuado en número, experiencia, formación y grado de especialización,.